Un Criminólogo en el Tatami

A lo largo de los años, las artes marciales y los deportes de contacto han tenido un gran auge en nuestro país. Según datos del CSD las artes marciales son practicadas mas veces al día que el futbol, situándose en cuarta posición de entre todas las modalidades deportivas. Por otra parte el rey sigue siendo el futbol por número de licencias. Más de 300.000 practicantes de artes marciales están federados por organizaciones acogidas a la ley del deporte, pero además existen casi un millar de Organizaciones de Artes Marciales, inscritas en el Registro Nacional de Asociaciones, con lo cual, nos podríamos hacer una idea de la gran cantidad de practicantes contemporáneos, siendo sin duda, una posible aproximación al número total de federados en futbol.

En cuanto a la práctica y objetivos a diferencia de otras modalidades deportivas, las artes marciales contienen un abanico muy amplio de practicantes comprendidos en edades desde 4 hasta más de 60 años y su práctica en su mayoría de disciplinas o estilos tienen una peculiaridad, la filosofía oriental, sin canones sobre términos religiosos o dogmáticos, basada exclusivamente en el respeto al ser humano.

Para los artistas marciales, este último elemento es algo esencial ya que juega una función prioritaria en cuanto a la conducta del ser y del comportamiento humano. Dicho lo anterior, la actividad deportiva, en este caso, desde la perspectiva de las disciplinas marciales, tienen un elevado número de practicantes con edades claves para adquisición de valores educativos mediante la capacitación de mecanismos cognitivos y afectivos, que nos ayuden a convivir en igualdad y respeto con nuestra sociedad.

Sesno cognitivo: EFECTO HALO

Pero por otra parte, la práctica deportiva en general, traslada una visión social de valores positivos como la humildad, buena educación, hábitos saludables…, cuando la realidad es que nos dejamos llevar por un sesgo cognitivo llamado "EFECTO HALO". Esto quiere decir que si asociamos una persona a la práctica deportiva la relacionamos directamente con valores positivos y esto último no es totalmente cierto. Un deportista puede doparse, consumir drogas, tener conductas antisociales……

Por ello, en el entorno mas cercano al deportista, el entrenador, adquiere un papel fundamental ya que en función de su metodología el deportista no solo adquirirá una serie de habilidades físico–tácticas si no que además podría obtener habilidades socio-educativas. La formación en materia de prevención de la violencia y conductas antisociales de los entrenadores procede en su mayoría del aprendizaje y experiencia personal adquirida durante el tiempo transcurrido como alumno y docente de su actividad deportiva.

En este aspecto, el Criminólogo juega un papel importante en la formación deportiva, ya que puede complementar la formación de los entrenadores con una formación criminológica Proyecto Criminología y Deporte

Como Criminólogo, practicante, entrenador deportivo y de artes marciales, acompañado de otros colaboradores en Educación, he llevado a la práctica esta formación a través de mi proyecto: "Criminología y Deporte". Debido a esta relación criminólogo-entrenador-maestro hemos creado un entorno de adiestramiento basado en el aprendizaje significativo obteniendo así muy buenos resultados a corto plazo.

En resumen, la educación es la mejor herramienta para luchar contra cualquier tipo de violencia y conductas antisociales, es por ello, que la edad es un factor importante para la adquisición de valores y conductas. Disponemos de importantes medios a nuestro alcance los cuales estamos ignorando y no dotamos de los recursos necesarios para que estos sean de utilidad social. No dejemos a la deriva ese gran medio que es: "Criminología y Deporte".